Adiós a la mala fama del 'Made in China'

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Adiós a la mala fama del 'Made in China'

El Gobierno del gigante asiático va a reestructurar su industria con el fin de alcanzar el prestigio comercial de países como Alemania o EEUU. Foto: Agencias

Si este Halloween te has disfrazado de muerto viviente, vampiro o de cualquier otro ser del inframundo es bastante probable que en la búsqueda del mejor traje hayas acabado visitando el bazar chino de tu barrio. Puede también que acudieras a cualquier otra tienda o a un supermercado al uso, pero las probabilidades de que en su etiqueta se pueda leer made in China son bastante altas.

Nada nuevo ni sorprendente, ya que con un gran superávit comercial, el gigante asiático es el mayor exportador de bienes y servicios del mundo. Un puesto que no es cosa del azar: sus inmigrantes tenían la capacidad de importar productos baratos de su país y venderlos en otros territorios con un bajo margen, lo que hizo que prosperaran en poco tiempo.

Así se convirtieron en la fábrica oficial del planeta. El resultado más tangible convive con nosotros: la plaga de bazares regentados por chinos, una mutación de aquellos todo a 100 españoles en los que se puede encontrar desde un lienzo de Nueva York a una vajilla de Hello Kitty o un pack de herramientas.

En China los intercambios comerciales supusieron en 2016 el 37% del PIB y, ese año, exportaron por valor de 2,06 billones de dólares. Sus principales socios son los países del sudeste asiático, EEUU y la Unión Europea, con Alemania a la cabeza. Pero este made in China es, desde hace tiempo, tan recurrido como poco valorado. La competición no se basaba en el diseño y la calidad, como es el caso de otros productos que cruzan fronteras, sino en la cantidad, la variedad y, sobre todo, el precio.

Sin embargo, tras años cocinando esta percepción, el Gobierno ya no quiere que las palabras China y calidad sigan siendo contradictorias. Por ello, lleva tiempo trabajando en su XIII Plan Quinquenal Made in China 2025, con el que quiere reestructurar su industria para pasar de una era de cantidad a otra de calidad y eficiencia en la producción, adelantando a potencias como Alemania, EEUU o Japón.

Una tarea complicada, porque si hay algo que todo el mundo sabe (o aprende a marchas forzadas), es que no es fácil librarse de los estereotipos. «El Ejecutivo planifica y diseña la línea estratégica de crecimiento cada cinco años y, a veces, a décadas vista, aunque nos parezca sorprendente.

Ahora impulsan, con el sector público y privado trabajando en ello a toda velocidad, esta iniciativa, basada en el desarrollo de nuevas tecnologías, renovables, materiales, robótica, industria aeroespacial, telecomunicaciones y otras áreas basadas en la innovación y la calidad», explica Carlos Sentís, consejero de de la consultora Henkuai y Spain China Project, una plataforma desarrollada para posicionar España en China.

El triunfo de los 'smartphones'

Los resultados ya se empiezan a ver. Si hablamos de productos concretos al alcance de cualquier consumidor, es inevitable destacar sus teléfonos móviles. La primera prueba es la relevancia que han ganado en su mercado interno: en la lista de los más vendidos en 2011 en China no había ninguno propio. Ahora ocupan las primeras posiciones.

Huawei, Xiaomi, Vivo, Meizu y Oppo son algunas de las marcas que compiten a nivel mundial. Huawei, que ha duplicado desde 2013 su facturación en España, donde sus ingresos se han disparado un 359%, fue el año pasado por segunda vez la firma del mundo que más patentes registró. ZTE (también de origen chino) fue la tercera.

Además, de 9.400 millones de dólares de beneficios generados por la industria móvil en el tercer trimestre de 2016, Apple se ha quedado con el 91% pero, el segundo, tercer y cuarto puesto son para compañías chinas: Huawei (2,4%), Vivo (2,2%) y Oppo (2,2%). «Los smartphones han ayudado a cambiar la percepción del made in China en Occidente. Los revisamos más de un centenar de veces al día, por lo que el impacto psicológico es grande. Si fueran malos, no aguantaríamos una semana con ellos.

Esto tiene un efecto de comunicación grande, porque abre la mente a la posibilidad de que ignoremos estereotipos y confiemos en productos chinos», afirma Sentís. También es referente mundial con firmas de internet como Tencent, de ecommerce como Alibaba y Aliexpress o de pagos móviles (Wechar y Alipay). «Haier, líder en electrodomésticos, opera en muchos mercados, entre ellos, España. Igualmente destacan HiSense o Midea. En ordenadores, Lenovo es una referencia», añade el directivo de Henkuai.

China entró por primera vez en 2016 en el ránking de las economías más punteras. Elaborado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, la Cornell University y el Institut Européen d'Administration des Affaires, señaló al país como el más innovador de los de renta media.

Ese año fabricaron varios hitos: la puesta en órbita del primer telescopio espacial de rayos X del mundo, el primer ordenador cuántico... Es el tercero, por detrás de Japón y EEUU, que más patentes registra y el número de firmas unicorn -con una valoración superior a los 1.000 millones de dólares- pasó de 70 en 2015 a 131 en 2016, la mayoría, tecnológicas.

Lo cierto es que todavía queda camino por recorrer. El auge de las patentes contrasta con los escaparates de imitaciones occidentales. Algo que se ve alentado porque muchos productos de alto valor, como Apple, se fabrican allí, y no sólo por ahorrar costes. Steve Jobs explicó una vez en una entrevista en el New York Times que su tecnología no podría hacerse en EEUU, porque era imposible encontrar tantos ingenieros especializados y reunirlos en el mismo punto.

Si hablamos de copias, el sector textil se lleva la palma. «Las fábricas que producen prendas para iconos de la moda venden los mismos productos de la misma calidad, pero no oficiales, por 20 veces menos precio», dice Sentís.

El lujo es un referente en el país: se produce y consume por igual. «Su economía es capitalista. El consumismo es un fenómeno que preocupa, pero no tanto por los valores comunistas, sino por los valores tradicionales de la cultura», dice el consejero delegado Henkuai,

«Muchas empresas se han basado en modelos de éxito extranjeros, mejorando conceptos que requirieron un gran esfuerzo por parte de los creadores legítimos. Pero después de años trabajando con China, puedo decir que son enormemente innovadores.

No sólo el Gobierno lo fomenta. La competitividad, las oportunidades que se derivan de su crecimiento económico, la presión, el elevado coste de vida y la ambición llevan a muchísimas personas a crear empresas. Es sólo cuestión de tiempo que China domine en este aspecto».

En textil despuntan firmas como la deportiva Li Ning, que compite (con más fuerza allí) con las marcas internacionales. «Falta más diseño propio, pero cada vez aparecen más diseñadores jóvenes chinos que triunfan», afirma Leticia Chen, presidenta de la Cámara para la Cooperación Hispano-China. Así, hay cadenas de moda como Heilan, Meters/bonwe, Zuczug u Ocicle y proyectos fuertes gracias al e-commerce, como Front Row.

Un sector desconocido

La gastronomía es todavía un descubrimiento. «La auténtica no ha llegado a España. Los restaurantes chinos de aquí no tienen nada que ver con los originales. China no tenía cultura del vino, pero está aprendiendo la técnica con socios franceses y han conseguido premios mundiales», dice Chen. La bodega Changyu o la de Grace Vineyard son algunos éxitos. Como la cerveza Tsingtao, distribuida por todo el mundo. Además, el país se ha posicionado como el mayor productor de caviar.

El transporte es un punto fuerte. Cuenta con la línea de ferrocarril de alta velocidad más larga del mundo y muchas firmas europeas, como Deutsche Bahn, confían en su know how. «Los tiempos en los que China y calidad eran enunciados contradictorios han terminado», ha defendido la empresa alemana.

El Mundo