Cabifly, tu helicóptero personal por sólo 70 euros en Brasil

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Cabifly, tu helicóptero personal por sólo 70 euros en Brasil

Un cliente espera su taxi en el helipuerto del Hotel Blue Tree de Faria Lima, en Sao Paolo. Foto: Roddrigo Marcondes

Para comenzar a volar basta con coger el móvil y entrar en la aplicación Cabify, la empresa española que más crece en el mercado de transporte urbano en Brasil. Al primer toque de pantalla, dos opciones: Lite -el coche económico- y Cabifly, donde aparece el dibujo de un helicóptero, por si quedaba alguna duda de que sobrevolar la ciudad a golpe de clic es posible.

"Reserve ahora y despegue en menos de 60 minutos a partir de 30 euros". Un par de clics más y ,como quien encarga una pizza, el helicóptero se pone en marcha para llevar al cliente al trabajo. El anuncio tiene algo de engañoso porque cuesta más de 30 euros -entre 70 y 180-- y se demora más de 60 minutos, por lo que aconsejan que se solicite con 24 horas de antelación. Detalles nimios pues se trata de un servicio que, en apenas tres meses, ya tiene overbooking.

"No para de crecer porque es una necesidad básica en el transporte urbano de esta ciudad", explica Daniel Bedoya, responsable de Cabify Brasil. Estamos en Sao Paulo, la Nueva York latinoamericana, el motor económico del Cono Sur y, para sus coterráneos, Gotham City -la ciudad de Batman-, por ese cielo ceniza que se pelea a diario con el sol, como los paulistas lo hacen con los más 240 kilómetros de atasco y las dos horas y 49 minutos de media diaria para desplazarse al trabajo.

Son las 16.30 horas en el Hotel Blue Tree de Faria Lima, en la city paulista, uno de los cinco helipuertos desde los que se puede despegar con Cabifly . Gabriel Amadei sube a la azotea con la media hora de antelación que exige el servicio. Este ingeniero de 33 años, tímido, con sonrisa amplia, se dirige al aeropuerto internacional de Guarulhos para encontrarse con un cliente. Es la primera vez que vuela en helicóptero: "Hace un mes asaltaron a un compañero que iba en taxi a una reunión. Desde entonces, mis jefes se están planteando usar este transporte para algunos trabajadores, y yo soy el conejillo de indias", relata.

Mientras Gabriel se pone a sacar fotos de las vistas -toda una panorámica desde la vigésimosexta planta del hotel- la representante de Voom, la empresa asociada a Cabify encargada de ofrecer la flota aérea, mira su móvil y afirma: "No va a llover, el viento está bien, en 15 minutos llega el helicóptero". Después, enumera una lista de advertencias: "Hay que subir rápido porque no pueden permanecer mucho en tierra. Por favor, no se acerquen a la parte de atrás de la aeronave, siempre por delante. Esperen a que les digamos cuándo entrar". Gabriel levanta las cejas, emocionado. A las 17.01, el ruido de las hélices invita a subirse al aparato. Ya no se oye nada y la comunicación se establece por señas.

Uno de los encargados de seguridad del hotel levanta la mano para que nos mantengamos quietos. Segundos después, nos indica que es el momento de ir a volar. Siguen las señas. El piloto nos indica el cinturón de seguridad, después señala los cascos y el micrófono que cuelgan del techo. Nos los ponemos y volvemos al lenguaje verbal: "Voy a darles una serie de indicaciones sobre el vuelo. Tardaremos alrededor de 15 minutos, a la derecha y a la izquierda están las salidas de emergencia -las únicas puertas de la aeronave-, la climatología es buena...".

Cada cinco minutos hay cuatro helicópteros que despegan o aterrizan en São Paulo, la ciudad número uno en el mundo en este tipo de tráfico aéreo. Dispone de una flota de 697 aeronaves, 198 helipuertos y la única torre de control exclusiva para este transporte. "En un día bueno llego a hacer 15 vuelos, pero la media son unos 10", cuenta el piloto Amaury Kreissler, quien, curioso por haber llevado a pasajeros vírgenes, dice: "¿Verdad que es como flotar? Es muy suave, no se siente nada, sólo tranquilidad".

Cabify, que tiene en Brasil su primer cliente -con un crecimiento mensual del 70% en el número de llamadas desde que se implantó hace un año- decidió hace tres meses ofrecer este servicio para cumplir con una demanda no satisfecha: "Los atascos y la inseguridad son los motivos principales para quienes escogen esta opción. Hemos democratizado un transporte que antes era para la élite, con precios asequibles para la clase media", explica Bedoya.

Reconoce que eligieron el momento justo porque la crisis económica que sufre el país provocó que muchos paulistas disponían de helicóptero particular optaran por venderlo y recurrir a empresas de alquiler y a aplicaciones como Cabifly. Por ahora, São Paulo es la única ciudad de Brasil que ofrece el servicio; Ciudad de México es la segunda apuesta de Cabifly.

Gabriel ha pagado 130 euros por 15 minutos en el aire que en una empresa de taxi particular habría costado 1.200. "Yo no sé cómo Cabify y Voom pagan las cuentas pero cada vez tenemos más servicios, así que debe funcionar", nos dice el piloto. El ingeniero sonriente está encantado, como si se hubiera bajado de una montaña rusa y quisiera hacer cola para subirse otra vez: "En cuanto vuelva a la oficina se lo cuento a mis compañeros. Es una pasada".

Aunque el perfil de usuario es, ante todo, empresarial, Bedoya asegura que cada vez hay más treintañeros que lo escogen para vivir una "experiencia"o para que la novia llegue al altar por todo lo alto -nunca mejor dicho-, o simplemente para ver esta ciudad de 19 millones de habitantes desde más arriba de las nubes. Las opciones de vuelo aún son escasas, pues sólo cinco helipuertos -a los que se accede con un coche que la propia Cabyfy envía y que va incluido en el precio del vuelo- realizan el servicio.

El Mundo